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Moldemoterapia y tendencias en el cambio personal
Ramón Aciego Mendoza, Pedro Hernández-Guanir, Mª Dolores García y Raquel Domínguez Medina
Universidad de La Laguna
Introducción
El objetivo de toda intervención psicológica es producir cambio personal en una dirección determinada, pero el objetivo de los metanálisis del cambio es estudiar la fundamentación y calidad del mismo. En este estudio, basado en los resultados positivos de una intervención según la Moldemoterapia, nuestro metanálisis tiene como objetivos: a) ver las características diferenciales de ese cambio relacionándolas con la calidad, y b) el papel que juega en él las técnicas específicas, en concreto, la “Técnica de Bombeo Terapéutico” (TBT).
El “curso-taller-terapéutico” basado en la Moldemoterapia constó de cinco sesiones. El grupo experimental, además de constatar a través de Valoraciones Globales (VG) mejoras en aspectos genéricos como Emociones, Moldes Mentales y Emociones, redujo significativamente el Malestar Individual Subjetivo (MIS) y mejoró el Bienestar Individual Subjetivo (BIS). Modificó, mejoró o perfeccionó, significativamente, aspectos específicos como las Autocompetencias Emocionales (ACE), medidas como expectativas y como logros (Potencialidad del Yo, Regulación Emocional, Estabilidad Emociona y Fortaleza Emocional); los Núcleos Implicativos Sensibles (NIS), las Emociones Habituales interferentes (EMO), y, de forma nuclear, los Moldes Mentales (MM). La mejora de éstos últimos llega a clasificar correctamente, a través de un análisis discriminante, a más del 81% de los sujetos pertenecientes al grupo experimental y control, explicando un 45% de la varianza. Y la mejora emocional clasifica correctamente al 100% de los casos y explica un 90% de la varianza (Hernández-Guanir, et al. 2008). Con estos resultados nos planteamos:
¿Este cambio sigue las mismas pautas o marca diferencias dentro del grupo experimental? Se supone que hay diferencias y que éstas pueden ser concretadas en función de la puntuación o valoración de las áreas o tests de mejora, siendo éstas reflejo de las diferencias individuales y, por lo tanto, se pueden determinar grupos, tendencias o modalidades específicas de cambio.
Todo ello está relacionado con la calidad de la mejora, expresada, sobretodo, por la importancia de las áreas en que se produce el cambio y por el grado en que éste perdura en el transcurso del tiempo. Aquí sólo cabe analizar la diferencia de áreas en que se produce el cambio, así como la influencia que tiene en el cambio la frecuencia y calidad de la práctica TBT. Lo ideal sería contrastar la influencia de la práctica de TBT del grupo experimental con el grupo control, pero esto es inviable porque el grupo control lógicamente no es parte de la intervención, por lo que sólo podemos realizar un estudio intragrupo, considerando la covariación de TBT con los cambios dentro del grupo experimental.
Para considerar las características diferenciales y el papel que juega la TBT en el cambio habrá que considerar la Teoría de los Moldes Mentales. Ésta, en comparación con el Modelo de Rasgos o de la Inteligencia Emocional (IE), ha demostrado una alta capacidad predictiva y operativa en aspectos como adaptación, bienestar subjetivo, rendimiento académico o éxito en ajedrez (Hernández-Guanir 2005, 2006, 2008). Sin embargo, consideramos que ni IE ni los Moldes Mentales (MM) son suficientes para trazar una Arquitectura Emocional, pues se deben considerar también las emociones dominantes y habituales, los proyectos personales, los comportamientos más típicos, las situaciones críticas, así como los núcleos implicativos sensibles (NIS). Esta arquitectura es la base sobre la que se traza la Ingeniería Emocional o Moldemoterapia.
Los moldes mentales, como constructos personales en la interacción entre las disposiciones genéticas y el medio ambiente, cristalizando, a través de situaciones reiteradas, junto con las creencias o teorías implícitas, son formatos o “lentes” de pensamiento, que en distinta medida todos poseemos y que por medio de los cuales reaccionamos, interpretamos y explicamos la realidad. Mediante análisis factorial fueron extraídos treinta moldes mentales o modos habituales de reaccionar, interpretar o explicar la realidad antes, durante y después de las situaciones emocionalmente implicativas.
Los NIS, como una herida, están grabados en la memoria emocional, generando necesidades y conflictos. Ellos son focos problemáticos, soportados por el cerebro emocional y racional, producto de conflictos personales o frustraciones como carencia afectiva, de recursos, de logros o de deseos primarios. Los NIS generan moldes mentales y éstos conforman NIS (Hernández-Guanir, Capote y Fernández- Martín; 2007). El resultado de toda la arquitectura emocional es el grado de bienestar o malestar subjetivo, el nivel de adaptación social y la eficiencia o rendimiento.
La consecuencia aplicada es la ingeniería emocional o Moldemoterapia que incide en cada unos de esos elementos arquitectónicos. Supone un proceso de intervención psicoeducativa y terapéutica consistente en: 1) charlas de formación sobre los componentes de la arquitectura emocional que determina nuestra personalidad, especialmente el papel que tienen los Moldes Mentales y NIS; 2) la expresión las creencias, modos de enfocar la realidad y, especialmente, la expresión de emociones. 3) La reconstrucción de la nueva arquitectura cognitivo-emocional (a través de visualizaciones, analogías, sueños dirigidos, psicodramas, etc.). 4) la práctica de la Técnica de Bombeo Terapéutico (TBT); 5) el registro periódico de autoevaluación de las emociones dominantes (EMO), moldes mentales (MM), situaciones críticas (SC), comportamientos y práctica de TBT y 6) la reflexión, valoración y expresión de los avances. El objetivo en este caso es ver como se modifican las EMO, los MM, los NIS o se potencian las ACE (Potencialidad del Yo, Regulación Emocional,Estabilidad Emocional,Fortaleza Emocional), con el propósito de reducir el Malestar Subjetivo (MIS) y mejorar el Bienestar Individual Subjetivo (BIS).
La “Técnica de Bombeo Terapéutico” (TBT) es una herramienta de automanejo, clave en la Moldemoterapia. Mantiene una estructura propia y original, aunque recoge aspectos de la asociación libre, la reestructuración cognitiva, el afrontamiento al estrés, la tensión y distensión cognitivo-emocional, la inundación, la desensibilización sistemática, la visualización, la meditación, etc. Más concretamente, tiene similitudes con el método de relajación de Jacobson, la desensibilización sistemática de Wolpe, las autoinstrucciones de Meinchenbaum, el yoga o el autocontrol mental de Silva.
Consta de cinco pasos: a) Fase de análisis: Exploración de pensamientos y, sobre todo, de emociones interferentes y posibles explicaciones. b) Fase de tensión: Vivencia intensificada de los pensamientos y emociones, visualizándolos como si se comprimieran, mientras se aspira profundamente, se cierran los puños y se estiran los brazos, hasta alcanzar la máxima tensión. c) Fase de distensión: Vivencia de desprendimiento o disolución de la carga negativa, mientras se expulsa el aire intensa y lentamente, abriendo los puños y abandonando los brazos, alcanzando la máxima distensión. La fase b y c son complementarias y se repiten hasta lograr los objetivos de desensibilización. d) Fase autocontemplativa: Vivencia y visualización corporal, disfrutando de las sensaciones propioceptivas hasta alcanzar un estado de relajación y de sensación de estar “flotando”, mientras se visualiza el interior del cuerpo irradiado de luz o energía. e) Fase autopotenciadora: En ese estado de relajación y libertad, se autoadministran distintos mensajes visualizadores de poder, libertad, paz y amor que permitan potenciar el propio control.
La fundamentación de TBT, y las citas correspondientes, las indica Hernández-Guanir (2002):
Aflorar los pensamientos y emociones. No sólo es el psicoanálisis el que propone la asociación libre, también el Método de Flujo de Conciencia de Mahoney (1991); las Técnicas Reconstructivas de Clarke (1993), las Dinámicas de Autodesarrollo de Greenberg o de Pascual-Leone, proponiendo volver a acceder y reexperimentar emociones, algunas veces molestas, como condición previa para su reconstrucción terapéutica.
Analizar e interpretar el significado del malestar. Muchos pacientes, sin ser conscientes, tienen una interpretación profunda de su “drama”, que se trasluce conscientemente en malestar, pero que se ven incapaces de explicitarlo. La toma de conciencia de uno mismo, es el “insight” o golpe de vista de nuestra propia personalidad, sobre todo, de los hechos interpretados, por ejemplo, la Terapia de Valoración Cognitiva (TVC) de Wessler (1997) y, sobre todo, los patrones de pensamiento, formatos o moldes construidos, que son los que condicionan esa interpretación en distintos campos, por su potencialidad generalizadora y que debe llevar a una reestructuración cognitiva, tal como señalan Ellis, Beck, Mahoney, Golfried o Hernández,Guanir.
Intensificar los pensamientos y emociones interferentes. La intensificación de una idea negativa se hace con el propósito de su desintegración, con la intencionalidad de darle sepultura en un acto último y “solemne”. Hay constancia de este procedimiento en la terapia implosiva, en técnicas similares como la inundación y prevención de respuesta, detención del pensamiento o la inoculación de estrés, pues después del malestar, asociado a la idea negativa, viene por fuerza el respiro.
Asociar pensamientos, moldes y emociones negativos con sensaciones positivas. La descompresión, se asocia con placer, agrado, tranquilidad..., para procurar la extinción de lo negativo. Éste es el caso del bombeo en las fases “compresión-descompresión”, similar a la desensibilización sistemática (Wolpe, 1958). Hay que señalar la importancia de la dimensión psicomotriz en la técnica del bombeo: apretar los puños y, luego, abrirlos lentamente; así como, inspirar intensamente y, luego, soltar el aire, en coincidencia con la Relajación Progresiva de Jacobson (1929). La relajación progresiva de los músculos reduce la frecuencia del pulso y la presión de la sangre, así como el grado de transpiración y la frecuencia respiratoria. Si se realiza adecuadamente, tiene el mismo efecto que un fármaco que reduce la ansiedad.
Eficacia de la reflexión y del aprendizaje emocional. En la medida en que un aprendizaje tenga unas raíces emocionales intensas, será un aprendizaje más sólido y más difícil de extinguir. A este respecto, LeDoux indica que las conexiones que van desde la corteza al núcleo amigdalino (control consciente de las emociones) son más débiles o menores que las que van desde éste a la corteza (información emocional que invade nuestros pensamientos conscientes), que son más abundantes. Esto sugiere que el poder de las emociones es más fuerte que el poder de las cogniciones. Joseph LeDoux (1996) considera que en la terapia conductual de Wolpe existe un aprendizaje implícito que se produce en el circuito que va desde la corteza prefrontal al cerebro primitivo, en el que está el núcleo amigdalino. Por lo tanto, se trata de un aprendizaje más en conexión con el mundo de las emociones. Esto no quita para que la combinación de esto con el análisis reflexivo sea más eficaz, como así lo indican varias investigaciones (Reid, 1989).
Infusión de ideas y emociones positivas. Se ha venido comprobando, desde las teorías de Emil Coué, a finales del siglo XIX, que la imaginación es el arma más poderosa que poseemos los humanos; pues lo que pensamos acaba haciéndose realidad: “cada uno es lo que piensa que es”. Son muchas las evidencias en el mundo cotidiano y científico (filosofías y prácticas orientales, método de Control Mental de Da Silva, autohipnosis en la psicología soviética, “imaginación activa” de Jung y terapias de la Gestalt, tomando como base la imaginación, concretamente, la visualización).
En consecuencia, nos proponemos analizar los resultados obtenidos en los distintos componentes de la Moldemoterapia (VG, MIS, BIS, ACE, NIS, EMO, MM, y TBT) para determinar tendencias o grupos de cambio.
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