Inteligencia, arquitectura e ingeniería emocional en el cambio psicológico

Pedro Hernández-Guanir, Ángelo Serio Hernández, Mª Carmen Capote Morales, Antonio Rodríguez Hernández
Universidad de La Laguna

Introducción

La Teoría de los Moldes Mentales (Hernández-Guanir, 2002) ofrece una capacidad predictiva y operativa muy superior a la que proporcionan modelos como el de Rasgos o la Inteligencia Emocional, evidenciada en sus resultados con adaptación, bienestar subjetivo, rendimiento académico o éxito en ajedrez (Hernández-Guanir 2005, 2006, 2008). Sin embargo, ni la inteligencia emocional ni los moldes mentales (MM) explican el entramado de la personalidad, por cuanto se requiere una Arquitectura Emocional más compleja, donde se interrelacionen moldes, emociones, núcleos implicativos sensibles, proyectos o situaciones críticas, base de una Ingeniería Emocional o Moldemoterapia. Así es como hemos realizado la intervención que aquí se expone, con un grupo experimental y otro control, cuyos resultados demuestran la validez de la teoría y técnica propuesta.

La Inteligencia Emocional

El concepto de inteligencia emocional (IE) es controvertido, a pesar del impacto social y el acicate para la investigación del libro de Goleman en 1995. Las objeciones vienen: por ser más bien un modelo de rasgos; por su escasa relación con competencias cognitivas; por su pobre poder predictivo especialmente en tareas intelectivas; por sus deficientes resultados aún considerándola como habilidad cognitiva en la gestión de las emociones y usando pruebas ejecutivas como el MSCEIT (Salovey, Mayer y Caruso, 2000); por ser algunas pruebas tautológicas, pues predicciones de la IE con otros rasgos son resultados de incluir contenidos similares dentro de esas pruebas; por la generalidad inoperante de sus dimensiones cognoscitiva, regulativa y mediacional (Hernández-Guanir, 2006), razón por la que defendemos una propuesta complementaria basada en un conjunto detallado de estrategias cognitivas estrechamente vinculadas con las emociones como son los moldes mentales, con probado efectos operativos en el ajuste emocional y eficiencia.

Moldes Mentales

La Teoría de los Moldes Mentales (Hernández-Guanir, 2002) defiende que todos poseemos en distinta medida formatos o “lentes” de pensamiento, construidos en la interacción entre las disposiciones genéticas y el medio ambiente, cristalizando, a través de situaciones reiteradas, por medio de los cuales reaccionamos, interpretamos y explicamos la realidad.

Mediante análisis factorial, partiendo de un conjunto de aserciones sobre el modo de pensar antes, durante y después de las situaciones emocionalmente implicativas, fueron extraídos treinta moldes mentales que parecen los más dominantes en nuestro modo de enfocar la realidad. Así, en lugar de hablar de inteligencia emocional como una entidad genérica, preferimos hablar de la inteligencia sobre la emociones. Con este propósito utilizamos el concepto de Arquitectura Emocional, pues ni la inteligencia emocional ni los moldes mentales explican el entramado de la personalidad, necesitándose un armazón más complejo que, a su vez, desemboque en una Ingeniería Emocional, similar al enfoque multimodal de Arnold Lazarus (1997).

Arquitectura Emocional

Ésta debe tener en cuenta los principales espacios y niveles interiores del universo interno, en cuyo centro está el “yo”, sustentando el entramado de la personalidad. Para lograr un cambio personal significativo habrá que actuar sobre ellos (Hernández-Guanir, 2002), concretados en:

  1. Los constructos personales como creencias y moldes mentales. Especialmente éstos últimos, por su papel generalizador sobre diferentes contenidos y situaciones, de forma que, si se quiere cambiar las creencias, emociones o comportamientos inadecuados, se deben modificar antes los moldes mentales.
  2. Las emociones habituales, consideradas negativas o interferentes.
  3. Los núcleos implicativos sensibles (NIS), grabados en la memoria emocional, generando necesidades y conflictos. Es la neurociencia quien se aproxima a la concepción freudiana del inconsciente (LeDoux, 1996) admitiendo que muchos de los procesos emocionales, en áreas subcorticales, se asocian a representaciones mentales, sin el concurso de la corteza cerebral donde tienen lugar los procesos conscientes. Los NIS, como focos problemáticos, son productos de frustraciones en diferentes áreas (carencia afectiva, competitividad, logros no alcanzados, conflictos personales, carencias de recursos, impulsos básicos taponados, etc.) y van generando determinadas miradas o moldes mentales, pero éstos aplicados en distintas situaciones provocan también NIS.
  4. Los proyectos personales, como construcciones cognitivo-emocionales que miran al futuro, dan sentido a la propia existencia y animan el quehacer personal, siendo una fuente importante de incentivación para propiciar el cambio.
  5. Las situaciones críticas más frecuentes con las que convive y se enfrenta cada persona. Se trata de situaciones nocivas, especialmente sociales, suscitadoras de pensamientos y emociones incómodos.
  6. Los comportamientos más típicos, manteniendo un funcionamiento bidereccional con todo lo anterior. La conducta es resultado de los moldes y de los NIS, pero también la conducta configura moldes, creencias y emociones.
  7. Las vivencias de bienestar o malestar subjetivo, el nivel de adaptación social y la eficiencia o rendimiento son las consecuencias principales de toda la arquitectura personal.
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